lunes, 14 de marzo de 2011

MOTIVAR EN LA ESCUELA, MOTIVAR EN LA FAMILIA


En el libro de Jesús Alonso Tapia “Motivar en la escuela, motivar en la familia” (2005) se ofrecen claves apoyadas en la investigación actual para responder a las preguntas que preocupan tanto docentes como a padres: ¿qué hacer para que el alumnado se interese y se esfuerce por aprender, en vez de intentar sólo aprobar, o lo que es peor, evitar todo trabajo escolar? y ¿cómo hacer para estimular el interés y esfuerzo de los hijos en avanzar?

Como revelan las preguntas anteriores, la propuesta del autor no es meramente descriptiva de las situaciones, todo lo contrario, es una propuesta activa, donde se invita a los profesores y padres a analizar el entorno que se crea con su modo de actuar y dirigirse a los alumnos o hijos.

Para introducir el tema, el libro se inicia con estas preguntas y otras que los padres y docentes debemos hacernos sobre la forma de actuar en casa o en clase que pueden influir sobre la motivación, promoviendo así la reflexión desde el mismo inicio de la obra.
Posteriormente, el autor intenta definir “motivación”, reuniendo los comentarios que normalmente se escuchan sobre qué es la motivación y cómo se manifiesta, y considerando otros factores, pues el interés y el esfuerzo no se producen de forma aislada, sino que pueden estar influenciados, tanto por las capacidades y modos de pensar del sujeto, como por el entorno.
Posteriormente, se recoge en un esquema las cuatro preguntas que los investigadores han comprobado que influyen en la motivación y que son hechas por las personas a la hora de hacer una actividad: ¿qué tengo que conseguir?, ¿qué satisfacción voy a obtener, ¿qué efectos negativos tendrá?, y ¿qué hacer para conseguirlo? Preguntas éstas, que se refieren al objetivo, metas, coste y a los medios/expectativas, respectivamente.
Esas preguntas son de gran importancia, pues la falta de claridad en los objetivos de las tareas planteadas es algo muy común por parte de profesores y alumnos; de esa forma, ése es un factor del entorno que dificulta la activación del interés y del esfuerzo necesario, por lo que debería revisarse la forma en que actuamos.
EL autor finaliza la introducción señalando algunas apreciaciones relevantes sobre la motivación, como por ejemplo, señalando que la motivación no es sólo un problema del estudiante, si no que depende de la interacción de él con el entorno; así, la motivación no cambia al cambiar sólo un aspecto del entorno y sí actuando sobre el clima de aprendizaje general; de esta manera, la motivación tendrá un carácter dinámico, puesto que depende de las condiciones y de los resultados y experiencias parciales, por lo que será necesario un trabajo constante sobre la misma.
Después de esta Introducción, el libro se divide en dos partes: Condicionantes personales del interés y el esfuerzo y Factores del entorno que facilitan la motivación por aprender. Dentro de esta segunda, interesante como futuros docentes, el autor analiza los factores del entorno que facilitan la motivación por aprender, tanto en el ámbito escolar como familiar.
En el capítulo dirigido a los profesores se indica una serie de procedimientos específicos para despertar la intención de aprender, entre las que se incluyen:
• suscitar la curiosidad y crear la concienciación del problema,
• mostrar para qué puede ser útil aprender lo que se propone o,
• plantear la tarea como un desafío orientado al desarrollo de las capacidades;
• Todo esto expuesto con abundantes ejemplos de preguntas, estrategias y planteamiento de desafíos correspondientes que ayuden a iniciar la motivación.
El autor alerta que los profesores muchas veces tienen dificultades en encontrar problemas o situaciones para mostrar la utilidad de cada tema, para lo cual recomienda que en vez de pensar en cuál situación pudiera servir para interesar a los alumnos en un tema determinado, se trate de responder a las cuatro preguntas siguientes:
• ¿qué pretendo que aprendan mis alumnos?,
• ¿para qué puede ser útil lo que pretendo enseñar?,
• ¿qué situaciones de las que interesan o pueden interesar a mis alumnos tienen que ver con lo que pretendo enseñar?, y
• ¿qué tareas o modos de plantear la clase pueden poner de manifiesto la relación entre los intereses de los alumnos y lo que pretendo enseñar?;
• ofreciendo también ejemplos de los mismos.
También, el autor se concentra en recomendar cómo mantener esa motivación inicial generada, a través de diversas acciones como, por ejemplo: dar la posibilidad de que los alumnos elijan diversos tipos de tareas o de formas de realización de las mismas, lo cual facilitará la experiencia de la autonomía y la posibilidad de autorregulación.
De este modo, se facilita el interés y el deseo de aprender en el alumnado. Es lo que el autor denomina “moldeamiento”, es decir, la práctica la que permite, mediante retroalimentación y refuerzo, la adquisición y construcción progresiva de los conocimientos y conductas (en contraposición del modelado, donde el profesor es quien antecede al alumno para crear un referente y darle seguridad). Así, el alumno es quien va delante y necesita la respuesta del profesor/a para reforzar o corregir lo que observa.
Otro aspecto que el autor propone para facilitar el interés y el esfuerzo por aprender es la evaluación. Así, si las tareas exigen comprender y pensar, no sólo recordar; si se percibe la utilidad de los aprendizajes evaluados; si en la evaluación se dan ayudas a los alumnos sobre cómo superar las dificultades; si esas ayudas se dan de forma regular; así como si es posible generar la autoevaluación, y si los criterios y condiciones de calificación son claros, justos y respetuosos, el interés y el esfuerzo de los estudiantes serán también mayores.
Para finalizar el libro el autor realiza una serie de recomendaciones sobre “cómo conseguir que la interacción profesor-alumno y la interacción entre alumnos contribuya a estimular el interés y el esfuerzo por aprender”, entre las que destacan:
• Dedicarles tiempo y atención a los alumnos, así como salvar la estima de ellos cuando cometen errores, o mostrar con nuestro comportamiento un modelo ante los problemas enfrentados;
• Otra de las recomendaciones, tiene que ver con la prevención de los problemas de disciplina, para lo cual hay que tener en cuenta la naturaleza de los comportamientos problemáticos y sus posibles causas, debido a las características de la persona, del contexto de trabajo o del contexto social. Los problemas de conducta pueden surgir porque:
a) el entorno de trabajo es poco claro, por lo cual hay que aclarar las tareas que se deben realizar, o
b) porque los alumnos no saben actuar de forma no agresiva, para lo cual el Autor recomienda determinadas actitudes.
Existen otros casos donde puede ser mejor ignorar la actitud perturbadora, que lo que busca es la atención del profesor o de los colegas del alumno o incluso, en otros casos, darles la atención que ellos requieren.
Al final de esa sección sobre los problemas de disciplina se muestra un esquema que ilustra las consecuencias negativas del castigo sobre la motivación, el aprendizaje y la conducta.
La última parte del quinto capítulo, el autor la dedica a la importancia que pueden tener los procesos de socialización y de realización de trabajos de forma cooperada y cómo crear condiciones que faciliten el deseo de estar con otros y que la presión grupal ejerza un influjo positivo en el esfuerzo e interés por aprender. Así, se presentan las características y ejemplos de cómo conseguir un efecto positivo en tres tipos de actividades:
• la tutoría entre iguales;
• la coordinación cooperativa o
• la colaboración cooperativa.
El autor advierte que nuestra capacidad de influenciar en la motivación, interviniendo sobre los procesos de socialización, es limitada, pues depende también de los intereses de los alumnos, pero esa limitación no significa que no existan, en realidad, posibilidades de actuación e influencia positivas.
Y, para finalizar, en el penúltimo capítulo el autor lo dedica a descubrir “qué pueden hacer los padres para favorecer la motivación”, tanto en la prevención como para remediar los posibles problemas que ya hayan surgido. De esta manera, el autor sugiere cinco vías de actuación:
• en lo que se dice a los hijos en relación al aprendizaje, pues no es lo mismo decir “¿qué nota te han dado?” a decir “¿qué has aprendido hoy?”;
• en la forma que los ayudamos en las tareas escolares, pues también, mensajes diferentes muestran ideas diversas al respecto;
• en las oportunidades y el entorno que establecemos en relación con las actividades;
• en los límites que ponemos a su actividad, pues facilitar la autonomía y la capacidad de decidir es ventajoso, pero la permisividad, no;
• el ejemplo que damos con nuestro comportamiento y
• la relación de los padres con los profesores, donde debe haber un contacto fluido para compartir los objetivos que ellos persiguen, las estrategias que utilizan, su percepción del progreso y lo que ambos esperan de los otros.
¿Cómo conseguir que a mi hijo o hija le guste aprender?, en la primera de las recomendaciones “Ayudar a los hijos a experimentar que son competentes hace que aumente la motivación”, se muestra que los niños tienen desde pequeños una motivación natural por aprender, a pesar de que no se manifieste por igual ni con la misma intensidad, y que los padres pueden contribuir de variadas formas con el desarrollo de ese sentimiento con relación a los aprendizajes escolares. Por ejemplo, a través del uso de un vocabulario rico y haciendo que los niños lo utilicen; pedir que cuenten lo que han leído; inventar cuentos y pedir que los escriban, ayudar a descubrir el significado y utilidad de lo que se aprende; ayudar a actuar con autonomía y responsabilidad; crear un clima afectivo de aceptación incondicional; ayudar a experimentar la satisfacción de ser útil a otros; enseñar a pensar estratégicamente al enfrentarse a las tareas escolares y a aprender de los errores; enseñar a valorar, planificar y regular el esfuerzo y el trabajo,...
Si lo antes expuesto pertenece a una etapa preventiva, la parte siguiente del capítulo se refiere a la situación en que aparezcan problemas: notas bajas, aburrimiento y desinterés, descontrol en la regulación del esfuerzo, y otros; donde, por una parte, el problema puede ser un poco de todo, pero por otro lado, las propias causas enunciadas dan pistas de qué hay que identificar y por dónde se puede comenzar a actuar, proponiendo también el autor cómo actuar en cada una de las situaciones.
Esta obra se cierra con un último capítulo, donde a modo de resumen y conclusión, el autor recoge los aspectos principales ya tratados en los capítulos precedentes, puntualizando las tres características del alumno que influyen en la motivación:
• las metas,
• el modo de pensar a la hora de enfrentarse a las tareas,
• y el esfuerzo que realiza para conseguirlo, así como la importancia de poder experimentar el progreso y el papel que podemos tener, como educadores o padres,
Por último, el autor nos recuerda que el proceso de intentar influir sobre la motivación es largo, continuo y recíproco y que la capacidad de motivar es algo que se aprende y se modifica con la práctica.
También entre las recomendaciones finales, se recuerda que aprender a motivar significa estimular la autonomía de los alumnos o hijos y no la tendencia existente a ejercer un mayor control sobre ellos.
Aprender a motivar implica observar y pensar sobre lo que funciona y lo que no funciona. Aunque no se vean los resultados inmediatamente, lo importante es estar presente y no cesar en los esfuerzos para ayudarlos.
Con seguridad el lector encontrará en esta obra, en mayor o menor medida, una ayuda o estímulo a la reflexión sobre el complejo problema de la motivación del estudiante. La naturaleza de las preguntas utilizadas a lo largo del libro hace que el lector se sienta partícipe de las ideas propuestas y no las reciba como algo externo. El Autor, además de profesor e investigador, es padre de familia, y como tal, nos comenta sus observaciones y estudios, apoyado en la visión académica, pero dirigiéndose al público no especializado de forma clara y con suficientes ejemplos para ilustrar las propuestas presentadas, por lo que al terminar nos deja la sensación de haber realizado una lectura relevante y provechosa, que a todos recomiendo.
REFERENCIAS: ALONSO TAPIA, J. (2005). Motivar en la escuela, motivar en la familia : claves para el aprendizaje. Madrid : Morata, D.L

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