Lidia Oyanedel Flores
Uno de los elementos esenciales para concretar el aprendizaje es, precisamente, el espíritu o actitud que nos empuja o nos incentiva a llevar a cabo aquel proceso. Podemos, por lo tanto, tener una concepción clara de lo que implica el concepto motivación, los diversos enfoques que de éste existen y los diferentes tipos que se manifiestan en la mayoría de las personas. Sin embargo, es nuestro deber como estudiantes y profesores en formación tener una posición clara acerca de cómo nos gustaría delinear este impulso tan necesario en los estudiantes para lograr lo que consideramos vital para su formación. A este respecto, considero que la motivación debe poseer un objetivo claro que debe apuntar al desarrollo de competencias internas que poseemos las personas como la autodeterminación, la autoestima y el deseo de superación. Sin estas características no sería posible la adquisición de nuevas competencias y, por lo tanto, nuestro avance como personas se vería limitado. Por cierto para lograr el desarrollo de estas competencias, se requiere un trabajo arduo y un conocimiento de la personalidad de los estudiantes acabada y, además de ciertas motivaciones extrínsecas que debemos promover. No obstante, estas motivaciones no deben tomar un realce mayor que las actitudes internas que se tienen que desarrollar porque la consecución de las metas se debilitaría con el tiempo y la idea es, precisamente, enseñar a aprender a competir con nosotros mismos, luchar contra nuestras barreras estando conscientes de nuestras debilidades y fortalezas. Creo que aquí se encuentra la clave para conseguir los objetivos propuestos.
Sin embargo, debo admitir que es complejo alcanzar lo anteriormente propuesto, especialmente, cuando no comprendemos el valor que posee el alcanzar ciertos objetivos, debido a que no tenemos el apoyo necesario por parte de nuestro entorno, no tenemos claras nuestras metas o, simplemente, consideramos que una actividad determinada no contribuye a lograrlos. Es aquí donde debemos tener altura de miras y comenzar a analizar que las herramientas que se nos entregan son trascendentales para construir personas íntegras que hagan del mundo uno mejor cada día. Estas herramientas siempre constituirán un medio para lograr de alguna u otra manera nuestros objetivos por tan diferentes que sean.
La motivación debe construirse sobre la convicción de querer superarnos tratando de lograr nuestras metas y esforzándonos por ser los mejores no sólo para lograr reconocimiento que es, sin duda, lo menos importante, sino para formarnos como personas libres con nuestra propia perspectiva de las cosas y con una misión clara que es pregonar que ahora no existe nada que nos impida ser los mejores.
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